Press "Enter" to skip to content

Evita ser víctima del Greenwashing

Greenwashing

Indudablemente las palabras “sustentable”, “ecológico”, “orgánico” están de moda.

Más que una moda es una necesidad para muchos. Las marcas aprovechan la falta de información que muchos de los consumidores tenemos para hacer publicidad engañosa, a esto es lo que se llama greenwashing, un término que se refiere a un uso fraudulento del marketing ecológico y que muchas marcas utilizan para vender más.

Una publicidad que pretende engañar al consumidor o jugar con su falta de conocimiento, vendiéndose como ecofriendly para promover su imagen responsable. ¡Nada más falso!

Como consumidores estamos perdidos y esto es porque en realidad con el ritmo de la vida actual no tenemos tiempo de investigar y preguntar, salimos a comprar cuando tenemos un rato libre o una necesidad imperiosa de cierto artículo y ni siquiera sabemos de qué está  hecho o fabricado por lo que confiamos ciegamente en la honestidad del fabricante y sus etiquetas.

He creído interesante hablar un poco de esto, porque a pesar de que el fenómeno ha existido siempre, y seguramente así seguirá siendo, en los últimos años parece haber cobrado un mayor empuje y crecimiento debido a las nuevas herramientas para la manipulación a gran escala de la opinión pública por los medios de comunicación y redes sociales, y habiéndose perdido al mismo tiempo el interés de ciertas organizaciones para denunciarlo.

El crecimiento de “lo verde” es algo evidente que a nadie se le escapa, pues cada vez son más los productos ecológicos, las empresas responsables ambientalmente, o los procesos sostenibles que se anuncian a “bombo y platillo” por cualquier sitio, llegando al extremo de parecer incluso que se está generando un cambio  en el ambiente. Menos evidente, y con peor difusión, es el hecho de que un buen porcentaje de lo que nos venden como “verde” al final no es más que una falsa afirmación, un engaño o, en el mejor de los casos, una verdad a medias enmascarada, según algunos estudios sólo el 4,5% de los productos que nos venden como “verdes” realmente lo son.

El greenwashing usa como bandera la conciencia ecológica y formalmente está definido como la apropiación fraudulenta de virtudes de carácter ambiental o la ampliación selectiva de aquellas más favorecedoras con el objeto de distorsionar o falsear la imagen de algo, manipulando la información que se aporta al público para que se interprete como un producto positivo desde el punto de vista ambiental.

El término fue acuñado en 1986 por Jay Westervel, para describir el falso tinte ecologista que determinados hoteles daban a sus campañas para ahorrar en el uso de sus toallas, no existiendo de fondo ningún plan de ahorro energético o de agua, sino más bien un simple ahorro económico. Y desde entonces su uso como término se ha extendido para definir cualquier engaño publicitario que se base en asignar falsas bondades ambientales a algo o alguien que no las tiene, convirtiéndose en un fenómeno sobre el que se han hecho algunos estudios.

Las empresas que quieran sobrevivir tienen que satisfacer a todas las partes interesadas: clientes, proveedores, sociedad, accionistas, etc., y aquí está la razón de ser del greenwashing, y lo que hace que el volumen de anuncios o información que cae en este uso sea tan elevado, es que resulta más redituable montar campañas publicitarias o inventar logos y lemas que invertir en mejoras reales del comportamiento ambiental.

Con esta práctica se perjudica al consumidor, pues es el receptor principal del greenwashing y finalmente es el que resulta engañado al adquirir un determinado producto o servicio en función de una supuesta cualidad ambiental que finalmente no es tal, por lo que su concientización no encuentra respuesta real en el producto que compra.

Se perjudica al medio ambiente, porque realmente no se produce el beneficio anunciado y, en muchas ocasiones, la falta de concientización del anunciante suele conllevar incluso un impacto mayor, lo que unido a un incremento en el consumo puede ser incluso más perjudicial.

Se perjudica a las empresas, pues se produce una competencia desleal del producto o servicio que realiza greenwashing frente a aquellos que presentan beneficios legítimos para el medio ambiente.

Se perjudica a los mercados, pues el greenwashing al final termina por sembrar la duda, especialmente en aquellos consumidores más informados que en algún momento se han percatado del engaño, y finalmente hacen extensiva su desconfianza al resto de productos o servicios con anuncios legítimos en relación a su comportamiento ambiental.

Este efecto es lo que algunos expertos de hecho ya han definido como “fatiga verde” y puede llegar incluso a generar un efecto contrario.

Perjudica a los que de alguna manera nos dedicamos a cuidar el medio ambiente y creemos en el potencial de sostenibilidad de las actividades humanas, pues el greenwashing desprestigia nuestro trabajo, lo dificulta y lo empaña.

No es objeto de este artículo señalar con el dedo directamente a ninguna marca, empresa, organización o producto en concreto. El objeto es invitar a todos a que asuman su responsabilidad ambiental y no se laven las manos dejando esta en las empresas supuestamente ecológicamente responsables, aprendamos a leer las etiquetas, a informarnos y a comparar, visitemos lugares y mercados ecológicos como el Eco-Tianguis Sanka de Zihuatanejo donde cada sábado de 9:00 am a 2:00 pm frente a la escuela primaria Vicente Guerrero, detrás del museo, puede conocerse a los productores que cosechan y elaboran los productos que compras, conocer sus prácticas de elaboración y el origen de estos productos.

Cosmética Natural By Gaby Trejo

Be First to Comment

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *