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ESCUADRÓN 201

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En el mes de mayo de 1945, México entraba de lleno a la II Guerra Mundial, enviando a 30 valientes al combate aéreo, en contra de la armada Japonesa. Estos pilotos aviadores, integraban un audaz y osado grupo llamado: “El ESCUADRÓN 201”.  Esta es su historia.

El 8  de mayo de 1944, el Presidente Ávila Camacho da la siguiente noticia:

“México tomará parte en las acciones bélicas contra las potencias del Eje. Se eligió como arma de guerra a la Fuerza Aérea, ya que por medio de la aviación, nuestros resultados serán más efectivos.”

Un mes después, en julio, el congreso aprobó que, por medio de la Secretaría de la Defensa Nacional, se conformara un “Grupo de Perfeccionamiento Aéreo”, iniciándose la selección del personal necesario.

Esta actividad fue intensa, se clasificó todo elemento activo en el Ejército, así como Cadetes de recién egreso, en todas las especialidades y de cada uno de los Colegios Militares, sin descartar también el personal civil que se ofreció como voluntario.

Aunado a esto, se estableció el servicio militar como obligatorio. Por otra parte,  dos tercios de los pilotos seleccionados, habían tenido entrenamiento previo, en bases de Estados Unidos.

Todos los seleccionados  formaron parte de la GAP, que consistía en: Pilotos aviadores, oficiales especializados en armamento, mecánicos especializados en planeadores, motores, hélices e instrumentos. Armeros, inteligencia, médicos y enfermeros, operadores de radio, meteorólogos, herreros, pintores, cocineros y panaderos. Un total de 300 elementos.

La Cámara de Senadores de México, el 29 de diciembre de 1944, autorizó el envío de tropas a combate. El contingente Militar Aéreo, partió de la ciudad de México, por vía férrea el 24 de julio de 1944, con destino a Randolph Field, Texas.

Partiendo de ahí, la unidad Escuadrón 201 fue seleccionada por especialidades para recibir entrenamiento completo, ubicándolos en diferentes localidades del sur. Estos campos de instrucción contaban con Bases de Entrenamiento Aéreos, construidas por el Gobierno de los Estados Unidos, principalmente, en el Campo Aéreo de Greenville, Texas y en el Pocatello, Idaho.   

Durante el adiestramiento murieron 2 pilotos en accidentes y fueron también excluidos 6 pilotos más, como resultados de los exámenes médicos, por lo que el escuadrón de combate quedó integrado por 30 pilotos.

El Alto Mando del Ejército de los Estados Unidos decidió enviar al “Teatro del Pacifico”, al Escuadrón Mexicano. La razón, necesitaban pilotos con urgencia. El apoyo aéreo era imprescindible.  La Guerra estaba por terminar.

El 27 de marzo de 1945, a las 18:00 horas, todo el Escuadrón 201 salió del puerto de San Francisco en el buque Fairisle, con rumbo al oriente. El trayecto fue sumamente peligroso y les llevó más de 30 días realizarlo, ya que su rumbo de navegación lo propiciaron errático,  confundiendo de esta manera a los submarinos. El 1 de mayo desembarcaron en Manila, Filipinas. De ahí fueron trasladados a la estación de Florida Blanca por ferrocarril y después transportados en camiones a la base Aérea de Porac. Integrándose inmediatamente como parte del 58° Grupo de Pelea. Mientras el grupo de comando se estableció en Fort Stotsenburg.

El 17 de mayo empezaron los vuelos de entrenamiento previo al combate, familiarizándose con la zona de operaciones y procedimientos.

Desde finales de mayo, y todo el mes de junio, el Escuadrón 201 sostuvo dos misiones de combate por día que consistía en bombardear campamentos llenos de suministros, bunkers armados de cañones y ametrallar a las tropas Japonesas. Y a la vez proteger con sus cazas a los bombarderos. En ese mes intenso de combate, “Las Águilas Aztecas”  (como se hacían llamar) completaron las misiones con gran efectividad, regresando victoriosos y completos.

Primera Baja en Combate.

Cuatro días antes de que finalizara el mes de mayo, en una junta militar de estrategia aérea, se buscaba como eliminar un reducto Japonés que se situaba junto a la Costa de Viga, al norte de Sudik, en las Filipinas. Los Japoneses se encontraban estratégicamente ubicados entre unos riscos y laderas, lo que los hacía inexpugnables y sumamente peligrosos. Se había perdido un avión de la USAF, tratando de bombardearlo.  La única forma de eliminarlo era bombardearlo en picada y la 5° fuerza Aérea no contaba en ese momento con aviones particularmente diseñados y muy necesarios para este tipo de misiones , ya que estos contaban con unos frenos especiales.

El Comandante 1° Capitán Radamés Gaxiola, para esta arriesgada misión, ofreció a sus mejores pilotos, tomando en cuenta que varios de ellos recibieron capacitación intensa en el bombardeo en picada.

Entonces se solicitó la presencia del Comandante de la escuadrilla B; Teniente Carlos Garduño, para evaluar la peligrosa misión. Después de la entrevista con los oficiales Norteamericanos, abandonaron el comando aéreo y de regreso al campamento el Comandante Radamés le pregunto al Teniente:

-Dígame su veredicto final Teniente  Garduño…   

-No puede hacerse, Comandante…- Contestó el Teniente.

El Comandante frenó intempestivamente el Jeep y volteando a ver a su compañero, le dijo:

-¿Cómo chingados… Que no se Puede…?  ¡Mira, Carlos… Tú tienes que encontrar la manera, sino lo haces tú, lo hago yo…! Pero tú eres el experto, además recibiste instrucción en ese tipo de bombardeo… ¡Te doy 48 horas para pensarlo… Y quiero una repuesta y un plan de ataque…! ¿Entendido Teniente…?

-¡Sí, señor…! Contestó con firmeza el Teniente Garduño.

Después, ya en privado, se recostó en su cama, encendió un cigarrillo y empezó a pensar y analizar la situación. –Si el avión PT-40 cargado con bombas, lo ponemos a noventa grados en picada, alcanzaría las 500 millas por hora, entonces sería más rápida que cualquier otra nave… Solo que a esa velocidad se provocaría el fenómeno de “compresibilidad de aire” invadiendo controles y fuselaje y se perdería todo el control de la nave, con resultados fatales, en otras palabras, un suicidio completo; sin embargo, tengo que encontrar alguna manera de hacerlo… Tengo que encontrarlo.

Al día siguiente el Teniente Garduño hizo varias pruebas sin quedar satisfecho,  hasta que en una de ellas, encontró la fórmula. Entonces, exclamó con júbilo:

-Sí, sí, eso es… Cómo no me di cuenta antes… ¡Es el tiempo, y nada más que el tiempo, sí, ahí está la clave…! El tiempo…

En el siguiente día hizo más pruebas y comprobó su teoría. Se lanzó en picada a 12,000 pies de altitud  logrando una caída de 90° grados, casi vertical, contó 5 segundos, e inmediatamente enderezó el avión a 4,500 pies y salir de la picada, hasta llegar a los 10,000 pies logrando su estabilidad total, era arriesgado pero eficaz. Por fin, ya podía dar la respuesta afirmativa y realizar la misión.

El 1° de junio de 1945, el Teniente Garduño, se presentó en la Base Aérea, a la 8:00 am, junto con sus compañeros de vuelo; el Subteniente Fausto Vega Santader (“Cacho”), como ala derecha, al Subteniente Miguel Moreno Arreola, como líder de elemento, y al Subteniente López Ramos, como ala de elemento. El Comandante Radamés Gaxiola y sus pilotos ultimaron todos los detalles previos al ataque. Aproximadamente a las 11:00 am despegaron rumbo al objetivo, al llegar a éste, tomaron altura y se alinearon en fila lanzándose en picada, uno tras otro.  El propio Teniente Garduño, ahora Coronel, relata lo siguiente:

-Me lancé en picada para tomarlos por sorpresa, pero seguramente oyeron los motores y enseguida empezó un nutrido fuego anti-aéreo, de piezas de 75mm y de 105mm, así como una granizada de balas de armas ligeras disparándonos con una furia endemoniada, los proyectiles pasaban a escasos centímetros de mi cabina y el fuselaje. Conté los cinco segundos y solté las dos bombas de 500 kg cada una, jale la palanca para subir el avión y quedé ciego por unos momentos, mientras mi PT-47 subía como un demonio, apenas me recuperé, volteé a ver el resultado del ataque, y con agrado vi que las 8 bombas habían dado en el blanco, levantando grandes bolas de fuego y humo. De reojo vi en el mar una mancha y pensé que pudo ser algún tanque de combustible que salió disparado en el ataque, mire a la derecha y con sorpresa vi a el Subteniente Moreno Arreola,  haciéndome señas que tomara el micrófono y rompiera el silencio:

        -¿Qué pasa? Pregunté.

      –Le dieron a Cacho… Respondió.

El subteniente Moreno Arreola relata su punto de vista:

–Iba detrás de Cachito, cuando de pronto impactaron su avión por la cabina, enseguida vi que el cuerpo ensangrentado de mi compañero salió disparado con fuerza hacia la derecha para estrellarse en el mar. El Teniente Garduño me regañó porque abandoné la formación para buscar a mi amigo caído, los Japoneses aún seguían disparando, busqueé en el mar pero solo vi el salvavidas amarillo de mi amigo flotando.

El Escuadrón 201 se apuntó otra victoria más, donde los norteamericanos habían fallado en varios intentos, las Águilas Aztecas lo lograron en el primero, solo que esta vez pagaron un precio por la Victoria, un joven Piloto de 21 años, el Subteniente Fausto Vega Santander, murió valientemente, siendo derribado en combate. A él, le siguieron otros cuatro más hasta el fin de la Guerra. Uno se estrelló, cuando trató de aterrizar con su avión todo devastado, y los otros tres se perdieron en el mar por falta de combustible.

El Escuadrón 201 fue elogiado efusivamente por el General Douglas MacArthur, Comandante de las Fuerzas Aliadas en el Pacífico Sur, por los altos logros obtenidos en combate, salieron victoriosos de 96 misiones cumplidas y ninguna fracasada, dándole crédito de efectividad por poner fuera de combate a cerca de 30,000 soldados Japoneses y la destrucción de edificios enemigos, vehículos, tanques, cañones anti aéreos, nidos de ametralladoras y depósitos de municiones. Esta entrevista con el General MacArthur, se llevó a cabo en Tokio con el Coronel Antonio Cárdenas, el Teniente Amadeo Castro Almanza y el Subteniente Guillermo García Ramos. Donde el General agradeció a La Fuerza Aérea Mexicana su atinada participación.

Pero no solo los pilotos entraron en combate, sino también algunos miembros del personal de tierra, del Escuadrón, quienes encontraron tropas japonesas en su paso sosteniendo algunos tiroteos e incluso capturando un buen número de soldados enemigos. El Escuadrón 201 regresó a México el  18 de noviembre de 1945 en un desfile Militar en la Plaza de la Constitución y la posterior entrega de la Bandera por el Presidente Manuel Ávila Camacho.

Formar parte del Bloque Aliado hizo figurar a México entre las Naciones Victoriosas. Estos valientes fueron condecorados con más de 15 medallas de diferentes organismos y países. Son recordados cada 18 de noviembre, en un Mausoleo conmemorativo del Escuadrón 201, ubicado en Chapultepec, en la ciudad de México. Se han levantados muchos monumentos en su honor y se han nombrado colonias, calles, barrios, vecindarios, escuelas con su honroso nombre, e incluso una estación del metro del DF. En la actualidad solo viven tres pilotos y unos 40 integrantes más, de los 300 elementos que conformaron este valeroso equipo denominado  “Escuadrón 201”.

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