El Reencuentro

La fuerza de una presencia extraña en la habitación me despertó. Levanté mis setenta y siete años de la dura cama y encendí la luz. Ahí estaba, viéndome sin ojos, vestida con una sotana café como de la orden franciscana. Curiosamente no sentí miedo, hacía ya varios años que la esperaba, creo que más bien…